El proceso de colgar jamones ha sido una práctica en la tradición gastronómica, no solo en España, sino también en otros países mediterráneos, durante siglos. Este método no solo es estético, sino que desempeña un papel crucial en la elaboración del jamón curado, especialmente cuando se trata de variedades premium como el jamón de pata negra ibérico.
Aquí, amigos jamoners, vamos a explorar junto a vosotros las razones detrás de esta práctica ancestral.
Colgar Jamones: Una Tradición desde hace tiempo
Desde tiempos ancestrales, los mejores jamones se cuelgan. ¿Por qué? A continuación, las razones:
Permite un secado uniforme
Colgar los jamones facilita un proceso de secado uniforme. El aire circula alrededor de la pieza, permitiendo que la humedad se evapore de manera equitativa. Este secado uniforme es esencial para lograr la textura y la concentración de sabores característicos de los jamones curados de alta calidad.
Conservación y Maduración
El proceso de colgado no solo se trata de secar la carne, sino también de permitir que el jamón madure lentamente. Durante este período, que puede durar varios años, las enzimas naturales descomponen las grasas y proteínas, desarrollando así los sabores que distinguen al jamón de pata negra.
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Aprovechamiento del Microclima de la Bodega
Las bodegas y secaderos donde se cuelgan los jamones están diseñados para aprovechar el microclima de la región. La combinación de temperaturas frescas y humedad específica contribuye a un proceso de maduración ideal.
Preservación de la Tradición
Colgar jamones también es un acto simbólico que preserva una tradición cultural de la producción de alimentos. Muchas regiones tienen sus propias formas específicas de colgar jamones, transmitidas de generación en generación, creando así una conexión con el pasado y las raíces culturales.
Exhibición y Estética
En las tiendas y restaurantes, los jamones colgados también se muestran como obras de arte culinario. La presentación en la que los jamones cuelgan del techo o se exhiben en soportes jamoneros profesionales añade un elemento estético a la vista de las personas.
Y si hablamos de exhibir el jamón, una vez que lo descolgamos, el paso siguiente es calzarlo en un jamonero profesional. Los jamoneros profesionales permiten iniciar el último ritual de la vida de ese jamón: el loncheo de la pieza. Las lonchas resultantes son el último paso en un largo camino de excelencia en la elaboración, hasta llegar al disfrute del mayor manjar español.
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Colgar jamones es una tradición que honra la calidad, la herencia cultural y la paciencia necesaria para producir estos manjares culinarios. Es una celebración continua de una tradición que ha perdurado en el tiempo.

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